El otro día tuve la oportunidad de ver MAID (CRIADA), una serie, muy comentada en distintos medios sobre el abuso y agresión de distintas formas que sufren las mujeres en sus vidas y él como salirse del círculo y retomar el ser una mujer autosuficiente y empoderada.
Ahí es donde encuentro una soledad vacía, sin identidad, sin apoyo familiar, sin trabajo, sin dinero, sintiéndome pérdida, devastada, llena de críticas y señalamientos, sin palabras de aliento y con mucho dolor y miedo.
Siendo mujer, madre, hija, hermana, tía, profesional, en todos estos roles que hay que cumplir por temas sociales, creencias y hábitos aprendidos por completar expectativas sin sentido y le sumamos la "aceptación como normal" de la agresión verbal, psicológica, emocional y/o física, que vives día a día, del género opuesto, del trabajo e inclusive proveniente de la familia, y otra infinidad de fuentes, es como estar a la deriva en un mar desierto.
¡Que fuerte!
Si, es duro sobrellevar tanto, y aparentar que todo esta bien cuando te miras al espejo. Donde tu voz por temor, no sale de tu garganta. A veces solo te quedas en la cama, sin bañarte para esconderte del mundo y ti misma. O bien, te alistas y arreglas para salir a dar una vuelta y tratar de olvidar. Pero el monstruo es una sombra, que te acompaña siempre, es ese punto negro en la hoja blanca, porque te tiene sumida en esta pesadilla que no acaba. Y a veces no importa el tiempo que pase, deja huellas que brincan como saltamontes, recordándote lo vivido.
A veces me pregunto, quien es más valiente, la que sigue ahí lidiando con esa oscuridad dentro y fuera de ella o la que toma la decisión de romper el temor y decidir por la luz.
La verdad no tengo la respuesta.
He vivido ambas posturas, luz y sombra, una no por gusto porque era menor de edad y sentí responsabilidad de cuido por mi madre y mi hermana y ahí me quede hasta que decidí irme del círculo. Pero en ese período usaba la evasión como herramienta de protección, salir con mis amigos, estudiar y luego cuando pude el trabajo.
La luz llego cuando me independicé pero, la oscuridad seguía en mi, y muchas veces hasta hoy alza su mano con disimulo y me dice, me recuerdas?
Es ahí, con esta pequeña gran pregunta, que tomas conciencia, logras entender que el 90% no es tuyo, no te pertenece, que si debes asumir la responsabilidad de sanar las heridas para que cicatricen aunque siempre quede la marca. Y esa marca será el recordatorio de que logras ser una mujer de poder y que ese poder servirá para romper el círculo, enseñarte que se puede vivir de otra manera, siendo única y autentica, brillando más que el sol.
El proceso de sanación es largo, pero lleno de satisfacción cuando miras una ave y puedes extender tus brazos e imaginar que vuelas con ella, te das cuenta que el camino es el correcto.
Gracias por ser tu.💓
Adri Barrantes
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